Por qué muchos vuelos cruzan el Atlántico de noche y no durante el día.

Cada noche, mientras millones de personas duermen en América, cientos de aviones despegan rumbo a Europa atravesando uno de los océanos más grandes y transitados del planeta completamente a oscuras. Y aunque para muchos pasajeros parecería más lógico viajar de día para disfrutar el paisaje, descansar mejor o simplemente sentirse más seguros, las aerolíneas tienen otras prioridades. Y esas prioridades mueven miles de millones de dólares al año.

La verdadera razón por la que tantos vuelos transatlánticos salen de noche no tiene que ver con el miedo al océano, ni con peligros ocultos en el cielo. Todo gira alrededor de la eficiencia, el dinero, los horarios internacionales y la forma en que las compañías aéreas convierten cada minuto de vuelo en ganancias.

El Atlántico Norte: una autopista aérea multimillonaria
Las rutas entre Norteamérica y Europa son algunas de las más importantes y rentables del mundo. Ciudades como Nueva York, Londres, París, Madrid, Ámsterdam o Frankfurt están conectadas diariamente por decenas de vuelos operados por gigantes como British Airways, Delta Air Lines, American Airlines, Lufthansa o Air France.

Un solo vuelo entre Nueva York y Londres puede generar cientos de miles de dólares en ingresos. Los boletos en clase ejecutiva y primera clase suelen ser extremadamente caros, especialmente en temporadas altas. Para muchas aerolíneas, esos pasajeros premium son el verdadero negocio.

Aunque ocupan menos asientos que la clase económica, los viajeros corporativos pueden representar más de la mitad de las ganancias de un vuelo. Y justamente ellos son quienes impulsan la estrategia de volar de noche.

El verdadero negocio está en la hora de llegada

La mayoría de los pasajeros de negocios no quiere perder un día entero viajando. Prefieren salir por la tarde o noche desde América, dormir durante el trayecto y aterrizar en Europa temprano por la mañana.

Por ejemplo, un vuelo que despega de Nueva York a las 8 de la noche puede llegar a Londres cerca de las 8 de la mañana del día siguiente. Eso permite ir directo a reuniones, conferencias, conexiones o actividades laborales sin desperdiciar horas valiosas.

Ahora imagina lo contrario: despegar de día y aterrizar de noche en Europa. El pasajero tendría que pagar hotel inmediatamente, dormir desorientado por el cambio horario y perder parte del día siguiente recuperándose del cansancio.

Para las aerolíneas, eso hace que el vuelo sea mucho menos atractivo para los clientes más rentables.

Los aviones modernos están diseñados para trabajar sin parar
Otro factor gigantesco es el uso intensivo de los aviones. Un avión moderno de largo alcance como el Boeing 787 Dreamliner o el Boeing 777 cuesta cientos de millones de dólares. Tenerlo detenido muchas horas en tierra significa perder dinero.

Por eso las compañías intentan que sus aeronaves vuelen la mayor cantidad de horas posible cada día.

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