—¡Hola, doña Elena!
Ella sonrió con cariño.
—Hola, mi experto en dinosaurios favorito.
—Todavía no soy experto —respondió él muy serio—. A veces confundo a los carnívoros.
Ella soltó una pequeña risa, aunque su mirada seguía preocupada.
Me acerqué un poco más.
—¿Todo bien?
Rápidamente escondió el sobre entre las demás cartas.
—Solo cuentas, Carmen… llegan aunque una no las invite.
Intenté observar mejor los papeles.
—¿Necesita ayuda con algo?
Ella negó con suavidad.
—Daniel maneja todo eso ahora.
—¿Su sobrino?
Asintió.
—Desde que mi vista empeoró, él paga las cuentas por internet.
Luego soltó una pequeña risa cansada.
—Solo espero que no se haya olvidado de la electricidad. Hoy vencía.
Aquella frase me dejó incómoda.
—Doña Elena, si alguna vez necesita algo, por favor toque mi puerta.
Ella me acarició el brazo.
—Ya tienes suficiente sobre tus hombros, Carmen. Trabajo, cuentas, un hijo pequeño… No quiero convertirme en otra carga.
Entonces Mateo intervino con total naturalidad.
—Mi mamá siempre carga bolsas pesadas.
Doña Elena sonrió con tristeza.
—Precisamente por eso no quiero agregarle una más.
Ahora, mirando hacia atrás, desearía haber insistido más.
Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.
