Mis padres me d3jaron en un hogar cuando tenía seis años porque nací con síndrome de Down”

Mi papá salió de la habitación.

Ni siquiera me miró.

—¿Cuándo vuelven?

—Pronto.

Fue mentira.

La primera de muchas.

Corrí detrás de ellos.

Grité.

Lloré.

Les pedí que no me dejaran.

Pero la puerta se cerró.

Y nunca volvieron.

Durante meses me senté junto a la ventana esperando.

Cada auto que se detenía me hacía correr.

Cada vez pensaba:

“Ahora sí vienen por mí.”

Pero nunca eran ellos.

Los otros niños empezaron a decirme:

—No van a volver.

Y yo me enojaba.

Porque los niños no saben mentir bien, pero tampoco saben decir las cosas con suavidad.

A los ocho años entendí la verdad.

Mis padres me habían abandonado.

No porque fuera mala.

No porque me portara mal.

No porque no los quisiera.

Me abandonaron porque tenía síndrome de Down.

Lo escuché por accidente.

Dos empleadas estaban hablando.

—Es terrible. Los médicos les dijeron que la niña necesitaría apoyo toda la vida y desaparecieron.

—Algunos padres no pueden aceptarlo.

Recuerdo que me encerré en el baño.

Y lloré hasta quedarme dormida.

Porque una cosa es que te abandonen.

Y otra muy distinta es descubrir el motivo.

Durante años pensé que había algo malo en mí.

Algo roto.

Algo que hacía que la gente se fuera.

Pero la directora del hogar me repetía siempre:

—No hay nada malo en vos.

Para ver las instrucciones de cocina completas, vaya a la página siguiente o haga clic en el botón Abrir (>) y no olvide COMPARTIRLO con sus amigos en Facebook.