Lo Que Dice el Libro de los Proverbios
Los Proverbios contienen algunas de las reflexiones más directas sobre la vejez en toda la Biblia. «Corona de gloria es la vejez; se halla en el camino de la justicia», dice el capítulo 16. No es una imagen decorativa. La corona era en la antigüedad el símbolo más alto de autoridad y dignidad. Comparar la vejez con una corona era una declaración cultural sobre el lugar que los ancianos merecían ocupar en la comunidad.
El capítulo 23 añade algo que resuena con fuerza particular en tiempos modernos: «Escucha a tu padre, que te engendró, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana.» El verbo despreciar aquí no se refiere únicamente al maltrato activo. En el hebreo original, implica también el abandono, la indiferencia, el olvido. Dejar a alguien fuera de la vista y del pensamiento era una forma de desprecio tan real como cualquier acto deliberado de crueldad.
Jesús y el Cuidado Concreto
En el Nuevo Testamento, la enseñanza más directa de Jesús sobre el cuidado a los padres aparece en el evangelio de Marcos, capítulo 7, en una confrontación con los fariseos que resulta llamativamente específica.
Jesús critica una práctica llamada corbán, mediante la cual una persona podía declarar que sus bienes estaban consagrados a Dios y usarlo como justificación para no destinar recursos al cuidado de sus padres ancianos. La respuesta de Jesús es contundente: acusa a quienes hacían esto de anular la palabra de Dios mediante sus tradiciones, de usar la religiosidad como escudo para evadir una responsabilidad humana fundamental.
Es un pasaje que no suele citarse con frecuencia en los sermones dominicales, pero que tiene una vigencia extraordinaria. Porque el mecanismo que Jesús critica, usar una justificación aparentemente válida para no hacerse cargo de los mayores, es un mecanismo que existe en todas las épocas con formas distintas. Hoy puede llamarse distancia, trabajo, ocupaciones, o simplemente el ritmo de una vida que no deja espacio.
El momento más íntimo y más revelador ocurre en la cruz. Juan capítulo 19 narra que Jesús, en sus últimas horas, se dirige a Juan y le dice refiriéndose a su madre: «Ahí tienes a tu madre.» Y el evangelio añade que desde ese momento Juan la recibió en su casa. Es un gesto que los teólogos han interpretado de muchas maneras, pero en su dimensión más humana es simplemente esto: un hijo que en el peor momento de su propia vida se asegura de que su madre no quede sola.
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